Una florentina al frente de la monarquía francesa

10 abril, 2017

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Hija de Lorenzo II de Médici, duque de Urbino, y Magdalena de la Tour de Auvernia, condesa de Boulogne, Catalina de Médici nació en Florencia en 1519 en una de las familias más ricas de Europa de aquel momento. Gobernadores de la próspera ciudad toscana, se dedicaban al mundo de los bancos y de las finanzas.

Quince días después de su nacimiento murió su madre como consecuencia del parto y seis días después fallece su padre. CATALINAAl quedar huérfana, Francisco I quería que Catalina fuera criada en la corte francesa. Sin embargo, el Papa León X, tío de Catalina, quería casarla con el hijo bastardo de su hermano, Hipólito de Médicis, para que gobernaran Florencia.

Catalina fue criada al principio por su abuela Alfonsina Orsini y, posteriormente, por su tía Clarece Strozzi. Con la llegada al Papado en 1523 del cardenal Giulio de Médici, más conocido como Clemente VII, Catalina se instala en el palacio de los Médici Riccardi en Florencia pero los Médicis son expulsados en 1527 del gobierno de Florencia.

En 1533, Catalina contrajo matrimonio con Enrique, segundo hijo del rey Francisco I de Francia y la reina Claudia de Francia. Un matrimonio que surge de la alianza entre el rey de Francia, Francisco I y el Papa León X para así poder hacer frente al emperador Maximiliano I del Sacro Imperio.

Enrique excluyó a Catalina de participar en todos los asuntos de estado. Pero la muerte de Enrique empujó a la Reina consorte al plano político como madre del frágil rey de quince años, Francisco II, y a la muerte de este en 1560, Catalina pasó a ser regente en nombre del nuevo rey, su hijo de solo diez años, Carlos IX, lo que le concedió amplios poderes. Tras la muerte de Carlos en 1574, Catalina volvería jugar un papel clave en el reinado de su tercer hijo, Enrique III.

Catalina vivió un periodo convulso de Francia. Sus tres hijos reinaron en una etapa de constantes guerras civiles y religiosas con el inicio de las guerras de religión. Toda la política, que desarrolla Catalina, está dirigida a defender los intereses de la dinastía de los Valois. Para ello, desarrolló una amplia política de casamientos dinásticos.

Catalina fallece, el 5 de enero de 1589, cuando tenía 69 años. Fue enterrada en el castillo de Blois. Posteriormente, sus restos fueron trasladados a la basílica de Saint Denis. Y, más adelante, en el proceso revolucionario de 1789, sus restos fueron saqueados y arrojados a una fosa común.

Además de su legado político, Catalina defendía el ideal humanista. Apoyó el mecenazgo cultural durante las tres décadas de influencia política que tuvo y fue un claro exponente de la cultura renacentista en el país galo. Además, instituyó el primer ballet de la historia francesa y mandó construir el palacio de las Tullerias a los arquitectos Philibert Delorme y a Jean Bullont.

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